Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

jueves, 19 de abril de 2018

¡Vivan las tías!


LAS MUJERES Y EL POP ART.

¿Cuál es la gracia del POP ART y del DADAÍSMO en general?

Pues me parece que colocar en un podio artístico algo que no se tiene por artístico pero que lo es.

Por ejemplo: los anuncios de Coca Cola no se consideraban obras de arte, sino meramente anuncios, y cuando Andy Warhol afirmó que eran obras de arte la gente cayó en la cuenta se reconocieron como tales.

¿Por qué?

Porque tienen un poderío artístico, que si no lo llegan a tener ni Andy Warhol ni San Pedro bendito hubieran podido "sacralizar" esas imágenes.

Poderío que también tienen las latas de sopas Campbell's y las cajas de Brillo del mismo autor.

Y el mobiliario sanitario de los cuartos de baño, o los teléfonos de fichas, o las hamburguesas, las tartas y las porciones de pastel y otras cosas cotidianas en las que Oldemburg , o Wessselmann, o Jim Dine, o Jasper Johns, se han basado para producir sus obras. O las viñetas que han inspirado a Roy Lichtenstein ¡Si los dibujos de los tebeos son frecuentemente verdaderamente maravillosos! ¿Por qué se reconoce el valor estético de los dibujos de los pintores y los de los dibujantes de "comic" no?

El talento está donde está, no donde se dice que está.

Por eso a mí no me sorprende nada el talento desplegado por muchas mujeres ¡Pues claro!

Y lo que pasa con ellas es parecido a lo que pasa con el POP ART. Si no se les ha reconocido el talento es porque no se les ha querido reconocer ¡no porque no lo tengan!

¿Que un tío por ser tío va a ser más listo que cualquier tía? ¡Pues no!

Tampoco hay que irse al otro extremo, que alguien por ser tío va a ser gilipollas.

¡La verdad es que no sé para qué digo nada! ¿Para qué voy a decir que a mí la gente con talento "me pone"?

Como me ponen los estúpidos...¡de los nervios!




sábado, 14 de abril de 2018

Politiquismos.



EL SIRVIENTE DE LOSEY.

Soy de los que creen que la democracia es representativa. Porque la "directa", o sea la asamblearia, es un timo.

Pero la democracia representativa tiene los tobillos de cristal, porque depende de la lealtad de los representantes. Y esa lealtad se puede quebrar por varias circunstancias. Una de ellas cuando los representantes llegan a la convicción de que la representación es un bien en sí mismo. Que los partidos políticos son la realidad y la ciudadanía simplemente tiene la llave de la despensa, y hay que trajinarla para llevarse, como sea, el gato al agua. De modo que los miembros de la clase política maniobran dentro de sus partidos para alcanzar el poder dentro de sus grupos en un forcejeo cainista. En la confianza de que al final podrán manipular la voluntad del pueblo soberano para conseguir, o continuar consiguiendo, el maná del Estado.

Y vemos a diario como se dividen partidos en grupos antagónicos que desconfían unos de otros, acaparando el poder para sus partidarios y escamoteándoselo a los otros, como es el caso del PSOE dividido entre los seguidores de Pedro Sánchez y los de Susana Díaz, o del PP entre partidarios y detractores de Cristina Cifuentes, o de PODEMOS entre los partidarios de Iglesias y los de de Errejón.

Y hay que reconocer que en CIUDADANOS tal fenómeno no se ha producido. Y, le guste o no le guste a uno ese partido, es algo que obrará sin duda en su favor.

Cuando se pelean dentro de los partidos parece que olvidan de que la voluntad que hay que ganar no es la de la militancia, sino la del electorado y que el prestigio del partido se erosiona gravemente ante los ojos del electorado por esas luchas intestinas.

Y la gente va llegando a la conclusión de que los servidores públicos no son tales, sino que se sirven del público, para realizarse personalmente y para enriquecerse a costa de los administrados.

Y esos ventajismos se disfrazan de ideologías. Y se tergiversa la realidad y se enturbia todo en la esperanza de que a rio revuelto tengan ventaja los pescadores.

O sea que se corre el riesgo de que los "servidores públicos" sean como El Sirviente de Losey que esquilma a quien lo emplea.




jueves, 12 de abril de 2018

Rivalidades.


COSAS QUE NO ALCANZO A COMPRENDER.

Pues eso, que hay cosas que no alcanzo a comprender. Como que uno sea partidario incondicional de un equipo de futbol. Que quiera a toda costa que gane su equipo. Así, apriorísticamente, desinteresadamente.

Comentaba esto con un amigo partidario de un equipo. Y me decía irónicamente: Quieres que gane el mejor.

O el peor, o el que se las ingenie para ganar ¡no sé!

En torno a esto hay dos o tres de cosas anejas que me parecen muy interesantes.

Una es que tampoco entiendo que se ponga todo el énfasis en ganar.

Porque se gana y se pierde al final, cuando se deja de jugar. Y para mí lo importante es jugar, no es ganar. Y cuando se gana o se pierde se deja de jugar. Por lo que se deja de hacer lo que verdaderamente importa, jugar.

Ganar o perder no tiene que ver tanto con jugar como con competir ¡que es otra cosa!

A mí me gusta competir. No continuamente, dos o tres veces en la vida, y no por deporte, sino con otro fin.

He competido haciendo oposiciones. Varias veces, hasta que lo conseguí, a cátedra de instituto. y un par de ellas a titularidad de universidad.

Realmente se compite uno contra todos y todos contra uno. Y si es posible caballerosamente. Excluyendo o sorteando las trampas. Y cuando lo hecho ha sido con gusto.

Llega el final de la oposición ¡y menos mal! pero no se termina el juego. Sino que entonces es cuando se empieza verdaderamente. Sin competir, pero "jugándosela " cada día que se da clase. Porque vérselas con 60 alumnos ¡tiene su miga! Hay gente que no lo puede soportar. A mí siempre me ha gustado.

Otra cosa llamativa que conlleva el juego donde se gana o se pierde es que se pone en evidencia lo falsa que es la OBJETIVIDAD y lo auténtica que es la SUBJETIVIDAD.

Ante un mismo hecho, el resultado final de un partido, de reinar la objetividad, todos los espectadores deberían tener la misma convicción, que dadas las circunstancias concurridas todos contentos o todos disgustados o ni una cosa ni la ora ¡Pues no! los partidarios del equipo ganador ¡exultantes! y los del perdedor cabreadísimos. O sea, que reina la subjetividad.

Otra cosa igualmente llamativa es que ganar es poco elegante y excitarse por haber ganado menos todavía. Y tan feo es no saber ganar como no saber perder. Ya he dicho alguna vez que me parece horrible el disgusto de los que pierden una final ¡si han ganado la medalla de plata! Una vez Cañizares tiró al suelo la medalla de subcampeón que había logrado. En cambio me encanta cuando veo tan contentos a los que en una olimpiada han conseguido un tercer, cuarto o quinto puesto si por ello batido su propio récord.

Cuando yo era un niño era partidario incondicional del Recreativo de Huelva, y del Litri, adversario local de Posada. Lo veo normal para un niño.

Pero para un adulto...Vamos, ya digo ¡es algo que no alcanzo a comprender!





sábado, 7 de abril de 2018

Prótesis móvil.


EL SUPERESPEJO.

El teléfono móvil, o simplemente el móvil, o el celular, que dicen otros hablantes de español, es, entre otras cosas, una especie de hiperespejo. La hiperimágen de uno mismo o del mundo desde uno mismo.

El espejo le enseña a uno su propia cara ¡imagen vedada para uno mismo! Porque uno puede ver a los demás estupendamente. De frente, de perfil, de medio perfil, por detrás, desde arriba, dese abajo ¡qué sé yo! Pero uno mismo se ve muy mal. Desde el pecho o desde los hombros ¡y mal! Y de la espalda ¡nada! Me quedé sorprendido una vez que vi una raya en un acuario al caer en la cuenta de que no pueden verse la boca, porque los ojos los tienen por encima del plano de su cuerpo y la boca por debajo ¡Pues nosotros tampoco podemos vernos la boca! Vemos la imagen de la boca en un espejo. Lo cual es una visión indirecta de nuestra boca ¡no es una visión directa! Y el cogote ¡ni con un espejo! sino con un complicado juego de espejos que a lo mejor no ha visto uno nunca.

Con un móvil se hace uno un selfie, mejor aún que un espejo. Y si además se vale uno de un espejo ¡puede verse uno toda la espalda y regiones inferiores a la misma.

También puede uno grabar su propia voz y "oirse". Porque generalmente uno no se oye a sí mismo como lo oyen los demás. Porque si uno no tiene costumbre de oírse a sí mismo, si es que se oye circunstancialmente se sorprende, porque tiene un sonido muy distinto de lo que esperaba. Como es distinta la pinta que uno tiene de la que se imagina a partir de la imagen que ha visto en el espejo.

Pero claro, un "móvil" es mucho más que un teléfono (sonidos a distancia) totalmente portátil. Es también un telégrafo (imágenes a distancia) y una cámara fotográfica, y de vídeo ¡Qué voy a decir que todo el mundo no sepa!

No me extraña que no ande todo el mundo con su "móvil" como Mateo con su guitarra! Porque además es biblioteca, y enciclopedia, radio y televisión. Y además, terminal de redes sociales. Que no es una terminal "pasiva" como la radio o la tele, sino "activa", porque es receptor y emisor.

Claro que un "movil" es mucho más que ese rectángulo que se mete en el bolsillo. Eso no es más, ni menos, que receptor-transmisor de radio conectado a una voluminosa maquinaria a través de la "nube" en la que se puede "colgar" toda clase de información. A la que podemos acceder NOSOTROS pero a la que también pueden acceder OTROS.

El "móvil" a través de su GPS nos ayuda a ir a sitios ¡y nos tiene permanentemente localizados! No es raro que nos diga, como "me dijo" una vez el mío: Estás en el tanatorio de la Paz ¿quieres informar de ello a tus amigo? ¡Hombre!

O sea que es un GRAN HERMANO que ¡tela marinera!

Verdaderamente se va convirtiendo en una prótesis. Que de momento no está implantada. Es como una dentadura postiza que se mete por la noche en un vaso con agua. Pero que indirectamente incide en las más profundas entretelas de nuestro ser a través de mensajes, orales gráficos e icónicos. Que llegan como sonidos del lenguajes, o ambientales o textos escritos o imágenes directas o indirectas. Pero que cada uno de nosotros transformamos en íntimos impulsos ciegos y sordos. Porque en nuestra intimidad nada se oye ni nada se ve ¡pero hay unos pensamientos sordos y ciegos que campan por sus respetos! Por ejemplo puedo recordar el primer día que fui al colegio y pienso en aquella escena, sin ver nada, sin oír nada ¡pero es como si la estuviera viendo y oyendo lo que entonces vi y oí!

No es difícil imaginar que tuviéramos implantado un "móvil", alimentado con la energía que genera nuestra alimentación, que produjera pensamientos que llegaran a la mente de nuestros corresponsales. Y que corresponsales nuestros hicieran llegar a nuestra mente pensamientos generados por ellos sin que mediaran textos orales o escritos ni tampoco imágenes.

Y todo ello mediante un tremenda maquinaria operando a través de la "nube" manipulada por operarios a las órdenes directas de un Gran Hermano.

O sin que de hecho hubiera tal, resultara que para el caso es como si lo hubiera.